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Para conocer quien fue Antonio Porchia, valen algunos fragmentos de testimonios aportados por amigos y que pertenecen en su totalidad al libro de León Benarós.

León Benarós        Nélida Orcinoli Porchia de Niada         Lysandro Z.D. Galtier

José Polito             Eduardo Gonzalez Lanuza                     Alberto Luis Ponzo

Daniel Barrios        Emma de Cartosio                                Inés Malinow

Líbero Badii            Margarita Durán                                    Mary S. García de Orozco

Roberto Juarroz

 

León Benarós

"Porchia aparentaba ser un hombre en paz consigo mismo. Una especie de conformidad desencantada lo sostenía; una paz como de vuelta de todo. Cuando su amigo y admirable glosador el poeta Lysandro Z. D. Galtier quiso indagarle sobre ese casi nirvana que le daba equilibrio, Porchia le contestó: Es que yo debía haberme muerto hace mucho tiempo. Y cuando el propio Galtier le comunicó con alborozo que había dado una conferencia en Comodoro Rivadavia sobre las "Voces" y su autor, Porchia le respondió: Galtier: usted no me deja morir... A Galtier se le debe uno de los más ajustados retratos literarios de Porchia. Así pinta el autor de Penumbra Lúcida: "Pocos rostros tan rudos, por humanos, transparentan tanto el ángel como rostro rudo y humano de Antonio Porchia, rostro de angelote sorprendido con las manos amasando nubes o acariciando, acaso, palomas muertas[...]

"Su cuerpo, de menguado y fuerte fuste, es una especie de ovillo que mecanismos interiores ovillan sin descanso y desovillan hasta el arrebujamiento. Son sus maneras[...]

"En su dulce y bendecidor mirar de mansa y limpiadora agua lustral deja caer, cuando se vuelve hacia adentro, un duro carbón encendido.

"Tiene silencios pastosos y modales entrañables que contagian. En nuestras manos, las suyas echan raíces tiernas."

"Secreto y misterioso como un lirio, secreto y taciturno como un obús, su cansancio secreto y súbito y sus grandes silencios repentinos son nada más que el cansancio y el silencio de la humanidad que espera todavía[...]

"Espíritu de asceta o náufrago de la vida, Porchia vive una vida apartada y recoleta morada de paz de un barrio de casas bajas de Olivos, donde el cielo desciende hasta sus patios por rojos y deslizantes techos a dos aguas[...]"

Pocos tuvieron, como él, la humildad de saber escuchar. Roberto Juarroz alude así a esa condición: "Poseía el raro arte de la atención inusitada y creciente, una atención que parecía una presencia casi física. Quienes estábamos con él, sentíamos que al hablar cada palabra, se volvía profunda por su atención ilimitada. Su forma de escuchar parecía crear la profundidad en sus acompañantes, y cuando el hablaba, teníamos la sensación de que lo hacía "desde el otro lado" , que, por otra parte, se volvía entonces infinitamente próximo, mucho más que este lado".

La nota más visible de Porchia era su derramada ternura. Una ternura inmensa, que parecía abarcar al mundo entero, en una especie de comprensión melancólica, algo desencantada, pero con honda fe en la importancia de la bondad.

Lo más conmovedor de su ser era, quizá, su manera de dar la mano. No era una sino dos las que dejaba en la del otro, en homenaje de amistad, apretándolas con cierto calor de nido que no quiere ser abandonado.

¿ Que son las Voces ?

...Fiesta del ingenio, sin duda . Pero las Voces son otra cosa. No se proponen el ingenio, sino la profundidad. No se visten, sino que se desvisten. Tienen una eticidad profunda, pero dogmática. No imponen, sino que invitan. Son tan humanas, tan temblorosamente dubitativas, como todo ser lo es en lo profundo. Expresan un pensamiento poliédrico, tal vez "facetado", que dice de sí lo que diversamente el lector tiene en sí. Por eso, cada voz es voz para cada uno. Son obra "abierta", librada a los vientos de múltiples interpretaciones. Su carácter fundamental es el universalismo sin excluir lo cósmico. Casi no tienen anécdota personal – lo sabemos – de muy concretas y humanas experiencias. Se aúpan sobre lo humano para tender a una integración en el infinito. Donde todo es uno y uno es todo.

¿ Son intocables estas Voces ? Están redactadas, a veces, en una sintaxis no ortodoxa, pero que resulta la necesaria. El autor las retiró en silencio de un editor audaz, que sugirió, incomprensivo, enmendar la plana, suprimiendo lo que creía insistencias pleonásticas, repeticiones incorrectas. Ignoraba que cada una de esas repeticiones agregaba algo, brillaba con distinto fulgor.

Glosar estas Voces parecería irrespetuoso. Ellas lo dicen todo, lo sugieren todo, con tanta riqueza que no admiten ornamentos aumentativos. Parecen haber nacido sacralizadas, surgidas de una especie de sabiduría casi inocente, pero, de cualquier modo, absolutamente ajena a todo libresco. Son vida compendiada.

¿Quien puede pensar en juegos de palabras cuando se juzgan Voces? Nadie juega cuando se juega la vida, Quedan, si, como lápidas, como inscripciones intocables. Pero el autor ha sido desvelado por ellas, y las ha sometido a sucesivas decantaciones, hasta destilarlas en su pureza mayor.

¿Como suenan la voces en lengua extranjera?

Francés: "Je sais que tu n’as rien. Aussi je te demande tout. Pour que tu ais tout"

(Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todo.)

Inglés: "Situated in a nebulous distance I do what I do that the universal balance of wich I am part remain a balance."

(Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.)

Alemán: "Die Wahrneit hat seher wenig Freunde und die wenigen die Freunde, die sie hat, sind sellbsmörder."

(La verdad tiene muy pocos amigos y los poco amigos que tiene son suicidas.)

Antonio Porchia se apagó con la serenidad de una llama que ha dado ya toda sus luz. Su noble amiga María Souto de García Orozco puso entre las manos de quien ya se despedía de este mundo, una rosa –- flor que Porchia amaba tanto -– y él se fue, como deshojándola entre sus dedos.

Al día siguiente de su muerte llovió con furia, como si un arrepentimiento infinito quisiera borrar, con agua lustral, la postergación y el olvido que entre nosotros hubo para él, hasta que la justicia y el descubrimiento llegaron desde afuera, para ensanchar y honrar el nombre de Antonio Porchia hasta límites no previsibles.

León Benarós - Del libro del mismo autor -


Nélida Orcinoli Porchia de Niada ( sobrina )

Mi tío Toto ( Antonio Porchia )

"Yo tengo el orgullo de haberle pasado por primera vez sus Voces a máquina, y buen trabajo que me costaba descifrar lo que el tío había querido decir en esas profundas frases. Cuando alguna de ella me resultaba oscura, yo le pedía que me explicara el significado, y él lo hacía; entonces yo comprendía que esas palabras tenían su razón de ser, comprendía que el las había vivido previamente.

Si tuviera que describirlo como hombre y no como familiar, diría que era un ser humano excepcional, que a pesar de su aparente timidez tenía un carácter fuerte y sobre todo que era muy bondadoso, tímido con los extraños y conversador con los amigos, a quienes se entregaba por entero.

Inédito - Del Libro de León Benaros -


Lysandro Z.D. Galtier

"Pocos rostros tan rudos, por humanos, transparentan tanto el ángel como rostro rudo y humano de Antonio Porchia, rostro de angelote sorprendido con las manos amasando nubes o acariciando, acaso, palomas muertas."...
Antonio Porchia observó  la vida desde y durante su numerosa vida, que fue brusca de toda brusquedad y gradualmente para él.
Echo  su suerte con la vida y fue su  suerte una sola con la vida. Marcado estaba su destino. Y la vida fue puntual para él y rigurosa.
La red estaba echada. "Más en vano se  echa la red ante los ojos de los que tienen alas" proclamo Salomón en las parábolas que copiaron los siervos de Ezequías, el  piadoso rey  de Judá...
...Porchia observó la vida concentrada, la realidad absoluta, cúmulo de símbolos y formas de existencia, sustancia cósmica derivante, milagrosa y mágica.
Luego, olvidándola, anulando la historia, haciendo caso omiso de la conciencia del tiempo que lo había vivido, sin incursionar en los dédalos de la memoria y vuelto finalmente hacia sí mismo, trató, como quien despierta de un sueño, de reconstruirla...
...Porchia ha escrito con tal economía y  en un estado tal de pureza, desnudez, y candor, que solo ha logrado especular con la magia que la palabra irradia o refracta.
(Especular viene  del Latín: Speculum, que quiere  decir: espejo. Retengase esto.)
Cada una de sus líneas connota, de por sí sola, en la asamblea de las realidades aparentes de las cosas, el valor de una rúbrica emblemática.
"El lenguaje - leemos en la inscripción jeroglífica extraída de un libro escrito por los antepasados del rey Shabaka, que éste hizo grabar en una vieja piedra - crea todo cuanto es amado , todo cuanto es abominado. El lenguaje crea  la totalidad de las cosas. Nada existe si antes no ha recibido su nombre en voz alta."...

Del Libro de León Benarós - Diario La Nación. Buenos Aires 25 de Octubre de 1964 -

 

José Polito

"En 1950 yo era maestro en un pueblito de Santa Fe. Y encontré, mirando estantes de una biblioteca popular, un ejemplar de la segunda edición de Voces. Lo leí, y me sentí conmocionado. Entonces me dije: A este tipo tengo que conocerlo. Cuando fui a Buenos Aires.,  me fui a la Boca, a la editorial Impulso,  allí me dieron la dirección de Porchia. Le escribí . Me contesto en seguida, invitándome a su casa de la calle San Isidro, en Nuñez. Mire, acá tengo la tarjeta: 5 de enero de 1951. Así empezó una amistad que duro toda la vida. Una o dos veces por mes íbamos a visitarlo con otros amigos. Nos juntábamos e íbamos en grupo, en peregrinación, cruzando la capital para llegar hasta su casa. Le golpeábamos la puerta al viejito, y el viejito nos abría la puerta que no tenia llave, mientras exhibía su candorosa sonrisa de siempre. Y con él pasábamos las horas, en pura ensoñación espiritual. Nos leía sus poemas y nos pedía que le diéramos nuestra opinión. Era deslumbrante. Recuerdo sus pequeños ojos, oscuros pero lúcidos, brillantes de inteligencia. Y su bondad sin límites, su personalidad fermental. Era un maestro, pero no un erudito sino un maestro de la vida. Es cierto que no dejó discípulos literarios, pero sí dejo discípulos en el arte de vivir. Y esto te lo aseguro: a muchos de los que lo conocimos él nos cambio la vida, nos convirtió en otros.

Del Libro de León Benarós – De la revista Crisis Nº 37 Buenos Aires Mayo de 1976 -

 

Eduardo Gonzalez Lanuza

"....De inmediato lo hice invitar comprometiendolo a concurrir a Radio Nacional para grabar aquellas, sus Voces: "No, no entro. Porque si entro no hay nadie." Emanaba de él un aura de bondad, de estremecida gratitud por el simple hecho de que se le tolerara existir, siendo él quien era, sintiéndose irrescatable deudor de su prójimo, que, ante tal evidencia de caridad, mi prevenida actitud ante un presunto colega se desmoronaba dejándome deplorablemente inerme...

...Al terminar la audición, para mí de rutina, para él de prodigio, comenzó a considerarme, y lo repitió en dedicatorias, y luego cada vez que nos encontrábamos, nada menos que su "benefactor" , invirtiendo en su generosa ingenuidad los términos naturales, puesto que era él quien me había beneficiado y enriquecido espiritualmente con el conocimiento de su obra, y sobre todo su persona. No hubo manera de atenuar, ya que no de eludir, su desproporcionada gratitud.

Pasaron los meses y llegaron las fiestas de fin de año. Una noche al volver a mi casa, encontré a mi mujer asombrada por el insólito, y costoso, canasto de flores que alguien nos había enviado como regalo desde la Capital. De inmediato adivine la inverosímil procedencia. Me estremecí de enternecida gratitud, si así puede decirse, y la tarjeta manuscrita acompañaba el envío traía el nombre de "Antonio Porchia a su protector". ¡ Yo nada menos que su "protector" por haber dignificado nuestra audición con su obra impar ¡ Conocía la estrechez económica de sus medios y el grave sacrificio que para él había significado tan inmerecido obsequio. Para remate de males ni siquiera había conservado su dirección para pedirle clemencia a la grandeza de alma. La pequeñez de mi corazón se sintió incómodamente desbordada por aquel testimonio del exceso de generosidad de la grandeza del suyo. Ni como ni con que retribuir a quien vivía una vida de ermitaño suburbano. Desasido de apariencias, atento únicamente a vislumbrar y hacernos compartir a través de ellas el permanente prodigio del Ser.

Del Libro de León Benarós – Diario La Nación Suplemento Literario Buenos Aires 18 de Noviembre de 1979

 

Alberto Luis Ponzo

"Hay seres que dignifican el genero humano y que han llegado a tal altura espiritual, a tal grado de integridad moral, que en ellos esta logrado casi todo lo que puede esperarse del hombre sobre la tierra. Cuando me encontré por primera vez con Porchia, sentí que era uno de esos hombres, aunque sin razonarlo todavía ni medirlo conscientemente. El se presento en la antigua Galería Nexo, momentos antes de dar a conocer uno de mis libros, y me saludo casi con temor de causarme alguna molestia, con un pudor inusual para mí y que sería siempre , como comprobé después , su modo de ser."

Del Libro de León Benarós – Castelar Provincia de Buenos Aires Noviembre de 1983 Inédito

 

Daniel Barrios

"...Cuando le digo que le voy a hacer una entrevista, responde que nosotros (Los jóvenes ) hagamos, ya que sabemos hacerlo. Que él no sabe nada. Y esto no es pose. Porchia es un artista, y su personalidad necesaria para nosotros, aunque directamente no se ocupe de problemas particulares. Su posición frente a la humanidad es clara. Dice que él no lo vera pero nosotros sí, cuando se llegue a otro "estado de conciencia", porque esto no es mío , es de todos" Y quien pronuncia estas sagradas palabras vive muy precariamente, pero pese a ello dice que "siempre ha estado peor que ahora" e "incluso ahora puedo comer alguna vez bien. Antes no." Y nos los dice con humildad, no con lastima....

Sin vacilar sostiene que la gente joven es la que puede dar poesía, que la poesía es cosa limpia, es cosa recién nacida, es sinceridad...

Su concepto de la poesía es terminante. "Cuando es algo no es algo, es todo. La poesía siempre es un todo. Las  demás artes, si son artes, son poesía. La poesía une, vincula; cuando somos, somos uniones. Nosotros estamos en algún momento, que se hace siempre, después no estamos. Lo demás es un vacío, es lo superfluo. Nosotros vivimos de recuerdos, de momentos, que es lo que alimenta". .....

Como final de "estar" con Porchia, que aquí debo cortar, transcribiré palabras suyas: "Para convivir hay que tener un estado de conciencia. Eso es lo lindo. Vivir es convivir. Vivir es hacer vivir. El hombre no retrocede. Puede haber un suicidio de la humanidad, pero nunca un retroceso".

Del Libro de León Benarós – De la revista Vigilia Nº6 Abril mayo de 1964 - Castelar Provincia de Buenos Aires

 

Emma de Cartosio

Era la época del teléfono no medido y desmedidas se alargaban nuestras comunicaciones. Su voz paternal repetía algo que mi voz de bisturí no aceptaba. Me decía: "Emma, no le pida a la vida más de lo que la vida puede dar". Años hablándonos y viéndonos en su casita de la calle Malaver. Tazas de te sin platillos, modestia extrema. Y los rosales que él cuidase. Tardes en que sus aforismos –porque el hablaba en aforismos- creaba una atmósfera natural, despojada de toxinas. El dialogo era rico gracias a su capacidad de catarsis, la angustia retrocedía ante este hombre ancianisimo, extremadamente pudoroso, que sonreía como pidiendo disculpas por su intuitiva sabiduría. No podía citar grandes porque no había leído mucho. No era un intelectual. Era un poeta. Se había leído por dentro y dejado atravesar, traspasar diría, por el cosmos...

...Luego, junto con Líbero Badii, lo fuimos a visitar al hospital. Siempre dulce. Resignado a todo lo que el acaecer temporal le depara. Y no era alegre este devenir. Pero estoico e incapaz de herirnos con su tristeza, nos acogía sonrientes, preguntándonos siempre sobre nosotros, callando sus pesares. Al partir, escuchaba lo que había oído por años de él: ‘Emma querida, trate de estar bien". El, hospitalizado, se preocupaba por mí, aunque me viese contenta como si supiera - ¿cómo no iba a saberlo? – que no es fácil soportar el tiempo y el espacio. Y soportarnos.

Podría salpicar este recuerdo con Voces. Y quizá ello le daría jerarquía a mi humilde testimonio. Prefiero decir solo lo que he narrado y callar lo tanto que le debo a él. Sé y siento que es una ausencia irremplazable . Alguien que falta en el teléfono, en la casita de Olivos, en mi tiempo y espacio, en el planeta. Alguien que al no estar presente desequilibra el universo. Porque no bastan sus extraordinarias Voces. No nos bastan a quienes lo conocimos y tuvimos su voz antes que sus aforismos escritos, su calidez antes que sus páginas. El, todo él, era una voz que creaba y nos creaba.

No deseo agregar más. Porque no solo me unió la admiración a Porchia, sino un profundo afecto. Y cuando uno esta conmovido debe callar. Pero no por prejuicio. Sino porque, simplemente, no puede hablar.

Del Libro de León Benarós - Buenos Aires, 1978, inédito. -

 

Inés Malinow

Un gato negro, misterioso y cabalístico, nos mira desde el jardín de la pequeña casa de Antonio Porchia, en Olivos. Son las once de la mañana. Allí, en cuatro habitaciones prolijas, custodiadas por numerosos cuadros de Quinquela Martín, Di Tarranto, Lacámera, Victorica – "Tengo muchos amigos pintores... esta es la cosecha" explica Porchia - , vive el escritor, no tiene mujeres ni hijos. El mismo no esta seguro de nada. Habla de su libro. ¿Por qué lo llama Voces? Responde: "Es difícil decir. Todo se escucha. Y se escucha de todo". Así en forma epigramática suele expresarse...

..."He leído poco y desordenado" se apresura a confesar. Hay una gran timidez y una gran seguridad en esta vida. Concluye: "Mi libro Voces es casi una biografía. Que es casi de todos". Y empieza a recordar su vida...

...Habla del amor. "Sí, no lo sé, lo tuve dos veces. Son cosas que suceden, se producen en uno. Como no son lógicas ni regulares, están dentro de lo imposible. Lo imposible se hace solo, no lo hace nadie... pero es lo único que vale." Recuerda que fue la pena, la soledad del otro ser lo que lo atrajo. Eran mujeres a las que no pudo amar al principio... luego, sobre todo a la primera, la quiso para siempre. Pero no se siente solo. "Tengo muchos amigos, me resulta muy fácil comunicarme". "Alguna vez me siento solo cuando estoy con alguien. Que no es alguien".

Supone que las doce es hora de la manzana. Trae dos en un plato, cocinadas por el mismo, con gusto delicioso. Añade queso. Habla con frases cortas, sabias. Repite " He leído desordenado y poco. He tenido sugerencias de las cosas. Pero no es para todos"... Antonio Porchia sorprende emociona. Habla con generosidad de todos, descubre la bondad innata. Su inteligencia. Su dimensión humana cuando afirma la despedirse: "Espero merecerle algún párrafo bueno". Se queda solo en su casa de Olivos, con la hornalla encendida en la que se calienta una pequeña pava para el mate. El es una voz que refleja, emocionada, la diversidad del universo.

Del Libro de León Benarós - En la revista Vosotras. Buenos Aires, 4 de Junio de 1964.-

 

Líbero Badii

Conocí a Antonio Porchia en sus últimos diez años; tuve la oportunidad de efectuarle un retrato escultórico, que creo que es el único que existe. A veces yo lo visitaba en su casa de la calle Malaver, en Olivos y a veces venía el al almataller...

...Se movía con pie firme y solía venirse caminando hasta el almataller, unas veinte cuadras, y solía quedarse en la esquina esperando que se hiciera la hora, ya que era cumplidor en el tiempo fijado...

...Muchas veces lo acompañaba a su casa, y al ir caminando se detenía y mirando un árbol o una casa, me decía: - Badii, contemple la rama de ese árbol – O sí no: - vea la arquitectura de esa casa - . Gustaba mucho de la contemplación; nunca lo vi apurado en ir a algún lugar o en hacer algo...

...Porchia fue un ser que no hablaba con sus palabras, sino más con su presencia: daba la sensación de que irradiaba toda una aureola alrededor de su cuerpo...

Del Libro de León Benarós - Buenos Aires, Junio de 1983. Inédito.-

 

Margarita Durán

...Las Voces no se discuten, como nadie discute a su autor. Sé las podría ignorar accidentalmente o intencionalmente. Pero no discutirlas...

Por su belleza, la poesía nutre las voces de Porchia. Se ha predicado mucho sobre el rigor de las formas poéticas; pero la poesía de esos rigores apareciendo en los sitios mas inesperados; se ha burlado del poeta cuando este a querido jugar con ella, y , esquivando todas las reglas, se ha instalado en las formas más diversas de la expresión.
Han tratado de definir de distintas maneras la forma de la obra de Porchia. El mismo la definió y explico su definición al bautizarlas : Son Voces.
Ni aforismos, sentencias, máximas, paradojas, pensamientos... Son Voces.
Las definiciones provienen de la necesidad de encasillarlas dentro de una forma literaria. Todas las definiciones usadas – y que son las existentes – se basan puramente en el hecho objetivo y material de la cosa concreta.
Pero se olvida que en las Voces está el elemento que pertenece a lo milagroso, que no es de orden natural.
Eso lo sentía y lo sabía Porchia. El hablaba de las Voces, que le sugerían sus Voces, paseando la mirada en torno, hacia lo alto, hacia adentro.
Abría los brazos, como quien se entrega, como quien acepta ser instrumento. El escuchaba las Voces y trataba de ponerlas en lenguaje humano; y las trabajaba para que se parecieran lo más posible a lo escuchado con su propia esencia.
Comparar las Voces de Porchia con los aforismos de Lao-Tzsé – como sintió Roger Caillois al presentarlas en la versión francesa – es volver a hablar de "aforismos", y esa definición es estrecha y falsa, si se tiene en cuenta que su autor las definió ya apenas aparecidas. Mantuvo su nombre hasta el fin: así nacieron y así viven en cualquiera que las reciba...

... En la vida y obra de Pochia, Dios aparece como el creador. A nadie se le ocurriría cuestionar si se trata del Dios de los cristianos, de los judíos, de los budistas, o mahometanos. Cuando Porchia habla de a Dios es el Dios de todos, es con el sentimiento religioso que sirve para cualquier hombre de la creación...

...Porchia Jamás aconsejaba. Daba su parecer si se le pedía; pero pensaba que cada uno debía vivir su propia experiencia y hacer su propia obra.
La experiencia personal era el único camino para que fuera posible la comprensión.
En el hospital de Escobar, al que fui accidentalmente, halle pintada en toda un pared de la sala de espera esta voz de Porchia: "No vez el río de llanto porque le falta una lágrima tuya". ...

Algunos recuerdos

A veces, uno iba a invitarlo para algo: una lectura de poemas, una cena de Navidad, una importante conferencia en el la SADE, etc. Entonces, si decía que iba a ir, iba contra viento y marea, en el colectivo 60 que pasaba cerca de su casa, y luego a pie.

Cierta vez, un amigo común con el que hacia tres años que cenábamos juntos, para la Nochebuena, programo un asado en la azotea de su casa, quince días después. Era verano, y las noches de enero se presentan lindisimas. Solamente se suspendería el asado por lluvia.

Por la mañana el día del señalado, comenzó a llover a mares. Viendo que no paraba, llamé a don Antonio. Yo sabía que él esperaba esa reunión como un chico espera el cumplimiento de una promesa. Entonces le dije que, ya que el tiempo no ayudaba para el asado que le parecía cambiar el programa por unos tallarines en casa con nosotros ( mis hijos y yo ). Don Antonio aceptó enseguida. No iba a quedarse después de que había pensado salir. Le explique bien mi dirección. Y como llegar. Afortunadamente el 60 lo dejaba en la esquina: yo vivía en el barrio de Congreso.

Debía llegar antes de las nueve de la noche, porque cerraban la puerta de calle. Cuando faltaba media hora como para las nueve, entreabrí la puerta de mi departamento y me senté a esperarlo. Era la primera vez que venía a mi casa.. Paso la hora con exceso. Entonces comencé a llamarlo por teléfono. No contestaba. Pasaba el tiempo, y no llegaba ni contestaba. Por último atendió.

¿Qué le paso, don Antonio?

-Y... Yo anduve, toque el timbre. Pero como no me abrieron, me volví a casa.

¿Dónde toco el timbre, don Antonio?

-Dónde ladraba un perro.

Pero don Antonio... ¡llamó en otro sector!

Ya eran las once de la noche

-Digamé don Antonio ¿tiene ganas de venir a cenar con nosotros?

-Sí. Pero ¿sabe que ocurre? Que mi calle esta inundada...

Bueno, espere allí. No se mueva. Mi hijo lo va a ir a buscar en un remise.

Eran cerca de las doce cuando don Antonio, con un paquete de botellas de vino, llegaba a mi casa, despues de ir y volver en colectivo, y de hundirse hasta los tobillos en el agua. De vuelta lo llevaron unos amigos que tenían auto. Eran las tres de la mañana. Le pregunte si lo había pasado bien, y me dijo:

Sí, porque vine.
Contra viento y marea.

En varias ocasiones me regaló un ejemplar de sus libro con unas dedicatorias muy cariñosas, y en algunas ocasiones me los robaron. Cuando yo se lo contaba indignada, él se ponía contento: "Si lo roban es porque les ha gustado". Y me daba otro...

Del Libro de León Benarós – Inédito

 

Mary S. García de Orozco

...Me emociono mucho nuestro primer encuentro, por su singularisima forma de ser, de hombre inocente. Se expresaba de un modo feliz en sus pensamientos. La amistad simple, la rodeaba de una inmensa atención y profundidad. En el resplandecía la ternura autentica, conmovedora, aliada a la expresión de gran poeta...

Su privilegiada mente enriquecía la vida de quienes lo escuchábamos con devoción...

Cuando cumplió ochenta años se lo festejamos en la quinta con amigos, Nunca lo vi tan feliz y conversador...

El conocimiento de Porchia nos ponía en presencia de lo que expreso el Henry Miller: "La sabiduría del corazón".

Estando internado por su enfermedad, al acercársele una enfermera, le dijo:

-Estoy enamorado de usted...

La enfermera lo interpreto como un acto de picardía, que Porchia disipo en seguida con sus palabras:

...estoy enamorado de usted, porque usted es el bien. Y yo soy un enamorado del bien.

Yo estaba a su lado cuando presintió su final. Puse entre sus manos una rosa, que el acaricio, y se fue de la vida como una luz sin ruido.

Hoy, conservo con gran cariño su mate y su libro, y agradezco los días compartidos con este ser humano increíble: Antonio Porchia.

Del Libro de León Benarós - Inédito -

( ** )  Roberto Juarroz

Recuerdo unas palabras que me dijera cierta tarde que caminábamos por una calle de La Boca, era aquel su barrio predilecto. Uno de los más humildes de Buenos Aires, con sus pequeñas casas multicolores, su atmósfera de inmigrantes, la cercanía del Riachuelo. Las sirenas de los barcos, los viejos bares en donde marineros o los trabajadores del puerto se reúnen para olvidar o recordar quien sabe que cosas, bebiendo y escuchando tangos. El volvía de visitar del hospital a una mujer que había querido mucho y que ahora yacía vieja, abandonada y enferma. Me repitió la frase con que había intentado alentarla: "Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien". Sentí de pronto como muchas otras veces a su lado, que la sabiduría no había muerto del todo y que en aquella calle olvidada de Buenos Aires quedaba algo de la fuerza oculta que sostiene todavía al mundo.

Ibamos a visitarlo en casas cada vez más pequeñas, desde que tuvo que vender la heredada de su hermano y comprar otra más barata y distante del centro, para poder así sobrevivir un tiempo con la diferencia. Pero siempre estaban todos los cuadros que le habían ido obsequiando sus autores, entre ellos algunos de los más cotizados de la pintura Argentina de este siglo (Petorutti, Victorica, Quinquela Martín,Castagnino, Soldi, Butler, Forner etc.) Jamás se desprendió de ninguno, ni siquiera en momentos de extrema pobreza, cuando algunos familiares o amigos trataron de persuadirlo de que vendiera uno o dos. Decía que el vivía solo y no necesita casi nada. Lo cierto es que no podía vender un don. No en vano había escrito "No tienes nada y me darías un mundo. Te debo un mundo." Y recuerdo otro detalle iluminador, su cuadro favorito era un pequeño óleo de Fortunato Lacámera, que representaba el solitario ángulo de un jardín, con una breve y desnuda mata junto a un muro. El pintor más humilde y la imagen más humilde, lo casi inexistente.

"Su padre había sido sacerdote y dejado luego los hábitos. El recuerdo dominante de su niñez era su trashumancia, al no poder su familia permanecer mucho tiempo en ningún lugar, ante las reacciones provocadas por aquella situación. Repetía a menudo una línea de su libro " Mi padre al irse le regaló medio siglo a mi niñez". No recuerdo que hablara mucho de su madre. Después de venir de Italia (había nacido en Calabria en 1886), fue
apuntador en el puerto de Buenos Aires. Trabajó luego en una imprenta. Nunca le oí una palabra de resentimiento o frustración. Murió en 1968 en la misma ciudad donde había vivido casi toda su vida. Poco después de su muerte, escribí un poema donde le decía:
"Hemos vivido juntos tanto abismo / que sin ti todo parece superficie".
Hoy podría agregar "Hemos vivido juntos tanto abismo  / que contigo todo es profundidad".
En otras partes del texto, menciona de alguna mujer de vida
ligera con quién Don Antonio le unió un hondo sentimiento. No da
el nombre de ella. Tampoco el de su hermano de quien heredó una
casa.

La fuente es:
                  Fragmento del Plural Suplemento44
                  Presentación y selección de Roberto Juarroz(*)
                  Revista PLURAL Vol. 4, No. 11, agosto 1975   
                  México, D.F.

(*) Poeta argentino. Autor de Primera, Segunda, Tercera, Cuarta,
  Quinta Poesía Vertical y Fragmentos verticales.


Saludos desde México

Francisco Corza

( ** ) Datos aportados por Francisco "Pepe" Corza

¡ Gracias Francisco !

Quiero agradecer profundamente al Sr. Daniel González Dueñas, quien me señalo una serie de libros, de donde hallar información sobre este maravilloso ser:  Antonio Porchia.

A  Alejandro Toledo, coeditor junto a Daniel González Dueñas de "Voces Reunidas" de Antonio Porchia, y coautor con Daniel González Dueñas de   "La fidelidad al relámpago. Conversaciones con Roberto Juarroz".

A  León Benarós por haber escrito un hermoso libro, donde abundan detalles preciosos de la vida de Antonio Porchia.

A  Francisco  "Pepe" Corza, quien tuvo la amabilidad de enviarme el articulo publicado en  la revista Plural.